Cultivar esta cualidad te convierte en una roca a la que le resbala la negatividad y en una esponja que absorbe lo mejor.
La verdadera autoestima consiste en conocerte bien a ti misma, aceptarte tal y como eres, quererte y, desde ahí, sacar lo mejor de ti. Un camino no siempre sencillo, pero que te conducirá a líbrate de la necesidad de fingir, callar o complacer. Eso sí, recuerda que su peor enemigo es el juez interior, esa voz crítica y destructiva que te dice que no mereces, no sabes o no puedes.
No te compares. Es perder el tiempo, si lo estás haciendo para imitar comportamientos que te resultan atractivos en alguien a quien admiras. Y tampoco dejes que otros te comparen. Tira a la basura las frases hirientes que escuchaste mil veces cuando eras pequeña, los motes denigrantes, las etiquetas que te hacen sentir mal. Ya no los necesitas ni los necesitaras más.
Se positiva. Si continuamente te enfocas en el lado negativo de la vida, si solo ves defectos cuando te miras al espejo, si el estrés del trabajo no te deja disfrutar del día a día… todas esas actitudes te afean, te apagan, no te dejan oxigeno para apreciar lo que si va bien. Sonríete en el espejo, camina con aires de diva, piensa que hoy puede ser un gran día y saca partido a tus mejores virtudes. Es una forma de decirle a tu inconsciente que te niegas a atraer más malestar.
Busca lo bueno .Cierra los ojos, respira profundamente y recuerda un momento de tu vida en el que te sentiste llena de autoconfianza. Siéntelo con toda intensidad un par de minutos y después presiona con fuerza tus dedos índice y pulgar. Abre los ojos y sigue con tu rutina. cuando te veas en una situación en la que tu autoestima flaquea, vuelve a unir ambos dedos para recuperar aquel momento.
Usa el humor. Ríete de todo, incluso de ti misma, quítales dramatismo a tus problemas y recuerda que no tienes que ser perfecta ni ajustarte a ningún molde, porque ya eres perfecta tal y como eres. Tú valor no depende de tu belleza física, de tu estatus económico ni de que la gente que te rodea piense que eres simpática, brillante o adorable. Te tienes que gustar a ti misma para poder atraer belleza y positividad a tu vida.
Usa el humor. Ríete de todo, incluso de ti misma, quítales dramatismo a tus problemas y recuerda que no tienes que ser perfecta ni ajustarte a ningún molde, porque ya eres perfecta tal y como eres. Tú valor no depende de tu belleza física, de tu estatus económico ni de que la gente que te rodea piense que eres simpática, brillante o adorable. Te tienes que gustar a ti misma para poder atraer belleza y positividad a tu vida.
Piropéate. Acepta los cumplidos propios y ajenos con una sonrisa de oreja a oreja, cree en ellos y di gracias. Y no dudes en regalárselos a los demás cuando sientas el impulso de hacerlos. Crea buen ambiente a tu alrededor, en casa, en la oficina, incluso en el supermercado si hace falta. Arréglate por el placer de sentirte guapa y a gusto contigo misma… y recuerda que esa energía positiva te vendrá de vuelta, reflejado tu poder y tu valía.

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